PUTICLÚ

PUTICLÚ

La vida es muy puta para algunos. Por ejemplo para esta mujer nigeriana que llegó a España hace ya veinte años con la maleta llena de hambre y esperanzas. Apareció en mi despacho con su carnes prietas, sus huesos anchos y la promesa de ponerse al día en el pago del alquiler. La crisis había quebrado su humilde puticlú. Unos meses más tarde, incapaz de cumplir su palabra, acechada por los cobradores de impuestos, agua y luz, volvió a dar la cara, me dio las llaves y le firmó la resolución del contrato a los propietarios del local. Y se marchó con la misma necesidad con la que llegó y con los sueños rotos.

Estos supuestos maravillosos días de felicidad, entorno familiar y buenos deseos, también lo son de tristeza, desesperación y angustia. La otra cara de la Navidad ... para algunos, claro.














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