SAN FERMÍN

"Todo empezó una calurosa y límpida mañana de finales del Jurásico con la carrera de una manada de allosaurus. Como vieron que tras cuatro días de carreras la población de la tribu descendió notablemente, en la temporada siguiente y por las mismas fechas, vinieron a experimentar los esmilodones. Tuvieron que pasar cuatro encierros para advertir que los tigres de dientes de sable causaban parecidos estragos que sus predecesores. También hubieron carreritas de osos polares, mambas negras, hipopótamos, hienas, leones, ranas dardo doradas, etc, etc, pero el índice de natalidad del homo loquefuera seguía descendiendo hasta que, otra calurosa mañana, se inició la era de las carreras de animales con cuernos. Mamuts, elefantes, búfalos cafre y rinocerontes, cambiaron algo el panorama pues la mortalidad de los corredores descendió a costa de un sinfín de mutilados mucho menos apetitosos. Les siguieron los bisontes, los cebúes, los ñus y los bueyes, hasta la aparición del torito bravo que no va descalzo -ya en nuestros días- momento en el que se tergiversó la costumbre ancestral por la que los animales perseguían a las bestias. Ahora son las bestias las que hacen correr a los animales para encerrarlos en un corral y,  horas más tarde, y en un espacio sin salida, hacerles picadillo, uno a uno, a satisfacción de un público devoto, hambriento de sangre y de goles.

Gracias a esta tradición popular, podemos disfrutar de una especie salvaje, peligrosa, irracional y sanguinaria pero muy dada a las carreras, sin la cual, muy probablemente, se hubiera extinguido: el hombre".




Fragmento de la obra “Siesta. Cuando sol más duro aprieta.” (1926)
de Erwing Heymonroad (Belleville, Illinois).
Fotografía de Manuel Forés.



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