CORNELIA
El más joven de los Gallaher tal día como hoy, hace dos años, juró a su amada,
la noble Cornelia, que volvería a eso del séptimo tañido de las campanas,
antes de que el sol se pusiera y diera entrada a la noche.
La noble Cornelia, de la familia de los Lamorak, ansiosa por ver a su amado, por besarle,
por abrazarle, por sentirle, por morderle, arañarle, apretarle, comerle, por respirar entre cortada,
por gritar sí, sí, sí ... (son muchos meses),
por gritar sí, sí, sí ... (son muchos meses),
se adelantó al campanero y le esperó durante muuuucho tiempo.
El sol se puso. La noche también. Y Sir Guillermo de Gallaher, nada de nada.
En la lontananza, ni atisbo del caballero del penacho violeta que siempre lució alegre en su murrión.
En la lontananza, ni atisbo del caballero del penacho violeta que siempre lució alegre en su murrión.
Y Lady Cornelia de Lamorak, cariacontecida y despechada, jurando en arameo,
decidió olvidar a su otrora amado gentilhombre y fuese a buscar a un buen herrero.
Cayó la noche y con en ella se rompió el amor. El `clinc´ seco de un certero martillazo, lo confirmó.
Algo de eso debió intuir el más joven de los Gallaher, cuando, a mil quinientas treinta y tres leguas de su Corte, maldijo la falta de agua (45 litros al día necesita beber su montura) y las estrecheces de la vida en batalla,
que le impidieron comprar un buen caballo de refresco para dar relevo al suyo
y dar de comer buen grano de avena y algo de forraje a su exhausto corcel con el que no pudo, por más que le hablara al oído, cumplir con su cita.
que le impidieron comprar un buen caballo de refresco para dar relevo al suyo
y dar de comer buen grano de avena y algo de forraje a su exhausto corcel con el que no pudo, por más que le hablara al oído, cumplir con su cita.
Poema épico de la segunda mitad del Siglo XI
Anónimo.
Traducción del texto y fotografías de Manuel Forés
Comentarios
Publicar un comentario