CONSEJOS, NO GRACIAS.
Es un hecho más o menos
comprobado que somos muy dados a filosofear y, especialmente, a psicoanalizar y
aconsejar a nuestros más próximos prójimos. Cuanto más próximos prójimos más
intenso es el alarde psicológico.
A mi raro juicio, el mejor consejo
gratuito que se le puede ofrecer al “sufrido” “paciente”, -a mi no me cabe la más minina duda ni me cabe más na de na- es .....
¡Un momento! Yo no quiero dar
consejos a nadie. ¿Quién soy yo para dar consejos?
¿A ti? ¿Yo?
¿Respiras? ¿Andas? ¿Toses? ¿Comes? ¿Muerdes? ¿Cantas? ¿No cantas? ¿Qué no cantas? ¿Qué no cantas porque desafinas y te da vergüenza? ¿Cómo dices? ¿Vergüenza de qué? ¿De no ser ferpecta?
A la miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiierda el canto, la afinación, la perfección, el vecino gay, el ruido, la angustia, el dramatismo, la culpa in eligendo y la culpa de tamarindo.
¿A ti? ¿Yo?
¿Respiras? ¿Andas? ¿Toses? ¿Comes? ¿Muerdes? ¿Cantas? ¿No cantas? ¿Qué no cantas? ¿Qué no cantas porque desafinas y te da vergüenza? ¿Cómo dices? ¿Vergüenza de qué? ¿De no ser ferpecta?
A la miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiierda el canto, la afinación, la perfección, el vecino gay, el ruido, la angustia, el dramatismo, la culpa in eligendo y la culpa de tamarindo.
Así que recoge que nos vamos. Lo
que no haga falta, al horno crematorio y depur.ador.
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